Mes: enero 2016

Reflexión sobre convivencia

Siempre que se habla de convivencia escolar se suele tener un punto de vista relativo, ya que cada centro es distinto a otro, por su entorno y por el profesorado que lo compone. En muchos casos se dan líneas de actuación que han funcionado  en algunos lugares o con algunos alumnos y alumnas, y al leerlos podemos pensar que son recetas mágicas para conseguir mejorar la convivencia de nuestros centros.

En muchas ocasiones estas líneas de actuación las aportan personas que están lejanas a los centros conflictivos o que tienen una determinada conflictividad. Es por ello, que al discutir en claustros medidas a adoptar, surgen muchas de estas recetas, se ponen en marcha y no funcionan, o no funcionan como se pensaba que lo harían. Y es que cada centro es un mundo, formado por las características de las familias, el profesorado, el Equipo Directivo y el propio alumnado en sí.

El problema que se plantea en los centros es sin lugar a dudas un reflejo de la sociedad que lo forma. Las medidas que se apliquen deben ser concretas para ese centro y su alumnado. Es evidente que medidas que funcionan con unos determinados alumnos y alumnas no lo hacen con otros del mismo centro. Y es aquí donde choca la efectividad de una medida, la discriminación. Necesitamos normas claras que se apliquen a todo el alumnado por igual, pero entiendo que deben ser diferentes en función de la tipología del alumnado. Al igual que no sirve el mismo medicamento para todas las enfermedades.

Pero no debemos dejar pasar que dentro de las medidas para la mejora de la convivencia las hay de dos tipos: las preventivas y las disciplinarias o correctoras. Quizás las segundas deberían ser diferentes en función del alumnado al que se aplican.

Una de los pilares importantes en las medidas preventivas es el trabajo del equipo docente, cuya coordinación periódica es de suma importancia. ¿Cuántas veces vemos que un profesor o profesora del grupo pone un número de partes de conducta muy superior al resto de compañeros? ¿Y eso por qué sucede? ¿Es por el tipo de asignatura? ¿Su personalidad? O quizás ¿su metodología? Es por ello la importancia de conocer qué hacen nuestros compañeros y compañeras para mejorar el comportamiento del grupo. Es fácil encontrarnos con alguna metodología que nos sorprenda y que podamos aplicar.

La rápida actuación de la labor tutorial con la familia y los alumnos o alumnas conflictivos debe ser clave para que la actuación del alumnado conflictivo mejora por la implicación de la familia y con esto prevenir conductas peores.

 triánguloconvivencia

En todo este sistema complejo de relaciones personales, no olvidemos a la administración educativa. En la mayoría de los casos trata de igual forma a todos los centros, independientemente de su situación. La reducción de ratios en centros con problemas de convivencia y la asignación de recursos de orientación escolar y trabajadores sociales podría ser sin lugar a dudas una medida preventiva interesante a adoptar. No todos los problemas son solucionables únicamente entre el profesorado y la familia. Existen problemas de integración social, que deben ser intervenidos por otros agentes sociales, como trabajadores sociales a disposición del centro educativo. Y es evidente que muchas metodologías no funcionan lo mismo en aulas con 15 alumnos y alumnas que con hasta 33.

La convivencia influye muy negativamente  en el rendimiento de todo el alumnado del centro, no solamente los que tienen niveles bajos, también el techo de los buenos alumnos o alumnas se baja. Me sorprende cuando se comparan resultados de las pruebas de evaluaciones externas con otros países que socialmente son tan distintos en el respeto entre las personas, la valoración de la escuela en la sociedad, la ratio o el futuro profesional si se estudia o no.

Para finalizar esta reflexión genérica sobre la convivencia, entiendo que el ajuste no se puede hacer únicamente en una dirección, sino que debe existir un cambio social, las administraciones deben ser más sensibles y no homogeneizar a los centros, el profesorado debe formarse continuamente y compartir experiencias y analizar que estrategias son más adecuadas para cada tipo de alumnos a alumnas.