Reflexiones sobre la situación planteada de la convivencia.

Comenzamos indicando que partíamos de un centro en el que el modelo de convivencia es jerárquico. Y que esta situación estaba provocando que la única forma de resolver los conflictos era buscar al equipo directivo (Director o Jefe de Estudios) para su resolución. El profesorado no es capaz de controlar o provocar un ambiente  de trabajo motivador, y se refugia en la expulsión de clase como medida correctora. Evidentemente, esto no reduce los conflictos, es más los amplía y los complica, ya que las familias de este alumnado, deja de aceptar esa rutina de correcciones. Aunque, por otro lado las familias son incapaces de participar en esa resolución de conflictos, al no tener herramientas para hacerlo. En la mayoría de las ocasiones, llegan a reconocer que son incapaces de hacerles cumplir normas en su propia casa.

En cuanto a los agrupamientos del alumnado, se utilizaba el formato heterogéneo (Mixture) pero con un número elevado de alumnado y atendiendo a la diversidad en asignaturas instrumentales y/o bilingües con grupos homogéneos (Tracking). En este caso, hacíamos la observación de que ¿Cómo es posible conseguir mejor atención a la diversidad, teniendo grupos elevados de alumnos y alumnas y los mismos recursos?, para poder llegar al modelo de inclusión, planteado como ideal.

Con las aportaciones de los compañeros del curso, he observado coincidencias en la necesidad de hacer participar a las familias, mediante asambleas dialogadas, con participación y no con reuniones dirigidas. En algún caso se comentaba introducirlos en la formación por grupos. En este sentido he aportado que un grupo adecuado para poder trabajar con las familias es el formado por los delegados de padres y madres de cada unidad. Se podrían realizar asambleas con temas de interés para las familias y el centro y que a su vez ellos pudieran contactar y conseguir retroalimentación con el resto de familias de su grupo. De igual manera, se podría conseguir más participación del alumnado realizando asambleas con los delegados de alumnos y alumnas de las distintas unidades.

Otro tema coincidente ha sido la mediación entre iguales. Nosotros estamos inmersos en un proceso de conseguir formar a alumnos y alumnas como mediadores, y que en cada aula exista siempre por lo menos uno. Dejando la responsabilidad de la mediación al alumnado de cursos superiores (3º y 4º de ESO) y el de observación del proceso y formación para los más pequeños (alumnado de 1º y 2º de ESO). Aunque pienso que la mediación es una herramienta útil dentro de una caja formada por muchas herramientas más.

La participación de todo el profesorado mediante su actualización en temas de convivencia y metodológicos es otro tema importante. La estabilidad de la plantilla de los centros y su implicación en la organización del centro (no sentir los problemas como ajenos al sentirse de paso) es de suma importancia en el proceso de la convivencia.

Por último, para conseguir laengranajes atención a la diversidad en grupos heterogéneos numerosos, es necesario mejorar los recursos. Es preciso contar con personas externas (familias, voluntarios, etc.) y con el trabajo colaborativo por parte del alumnado.

Con esta reflexión, teniendo en cuenta lo analizado hasta el momento cerramos el primer capítulo del curso y afrontamos con ilusión los siguientes, deseosos de descubrir esa herramienta mágica que resuelva los problemas de convivencia.

Créditos:

Imágenes gratuitas: pixabay.com

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